Semarnat informó el 24 de septiembre que en la jornada del día 23 se reunieron 60 toneladas de envases vacíos de plaguicidas en San Quintín, Baja California, y se retiraron 10 toneladas adicionales de un centro de acopio temporal de Mexicali. La actividad forma parte del Plan de Justicia para los Trabajadores Agrícolas. Son 70 toneladas en total para ambas localidades, no 70 toneladas exclusivamente en San Quintín. La cifra tampoco representa todos los residuos existentes en la región ni prueba que el problema haya quedado resuelto.
Para productores y trabajadores, un envase vacío puede conservar restos de producto y representar riesgo si se abandona, quema o reutiliza para agua y alimentos. La recolección organizada ayuda a evitar que llegue a canales de riego, suelo o espacios habitados. El beneficio no depende solo de concentrar toneladas en un centro: exige que el residuo se maneje desde el momento en que se termina el producto. Mantener un área definida y segura, comunicar a los equipos qué hacer y entregar materiales en los puntos autorizados transforma una jornada eventual en un procedimiento cotidiano dentro de la explotación.
El primer paso práctico es identificar qué productos se compran y dónde terminan sus envases. Una lista por almacén y cuadrilla debe distinguir plaguicidas de fertilizantes, medicamentos veterinarios y otros materiales, pues su manejo puede tener reglas diferentes. Conserve etiquetas y fichas técnicas accesibles; si un recipiente ya no tiene identificación, no adivine su contenido ni lo mezcle con envases de uso doméstico. Controle quién autoriza retirar recipientes del almacén y quién confirma su devolución tras la aplicación. Una bitácora sencilla con fecha, producto, cantidad entregada y sitio de acopio puede detectar fugas y mejorar la compra de insumos.
Siga la etiqueta y las instrucciones oficiales sobre preparación y acondicionamiento del envase. Las prácticas como el triple lavado aplican a ciertos recipientes bajo condiciones específicas y no a todo tipo de presentación o sustancia. No es correcto ordenar que se laven indiscriminadamente bolsas, envases no lavables o materiales con características especiales. Pregunte al programa de recolección qué acepta, cómo deben separarse tapas y qué recipientes requieren manejo diferenciado. Una vez acondicionado conforme a la norma y al sistema de acopio, evite que el envase vuelva a usarse. Nunca lo destine a almacenar agua, alimento, combustible u otro producto.
El sitio de resguardo temporal debe estar identificado y fuera del alcance de niños, animales y personas sin capacitación. Protéjalo de lluvia y viento para que los envases no se dispersen, sin colocarlo junto a alimentos, pozos o zonas de descanso. Use recipientes o contenedores adecuados y separados de equipo limpio; quien manipule materiales debe llevar la protección indicada por las etiquetas y el responsable de seguridad. No compacte, queme ni entierre material en la parcela. Si aparece un derrame, priorice protección personal y siga el procedimiento correspondiente al producto, solicitando ayuda especializada si no se conoce el riesgo.
La noticia también abre una tarea administrativa: ubicar el centro de acopio o las próximas jornadas verificadas por la autoridad local y preguntar por horarios, materiales aceptados y constancias de entrega. Organizar la entrega con otros productores puede reducir el costo de transporte, siempre que cada uno mantenga registro de qué aportó. Conserve folios, pesajes o recibos para auditorías, requisitos de compradores y evaluación interna. Un comprobante de entrega puede demostrar una acción específica; no equivale por sí mismo a una certificación ambiental de toda la unidad productiva. Evite contratar a alguien que promete disposición final sin autorización o evidencia verificable.
Para una asociación, el indicador útil no es solo cuántas toneladas se reúnen una vez, sino cuántos envases se registran, acondicionan y entregan sistemáticamente. Compare compras de productos con devoluciones, considerando los envases que aún conservan contenido y aquellos pendientes de uso. Si aparece una diferencia grande, investigue sin culpar automáticamente a un trabajador: pueden existir registros incompletos, bodegas dispersas o devoluciones sin comprobante. Capacitar con ejemplos reales de recipientes que se usan en el cultivo ayuda más que colgar un cartel genérico. Asegure que la instrucción llegue también a personal temporal y contratistas de aplicación.
La gestión responsable puede influir en salud y confianza comercial, pero no debe venderse como prueba de que el producto agrícola carece de residuos de plaguicidas. Son asuntos distintos: manejo de envases, aplicación conforme a etiqueta, periodos antes de cosecha y análisis de inocuidad tienen controles propios. Del mismo modo, participar en una recolección gratuita no elimina las obligaciones normales de almacenamiento y manejo. El aprendizaje es incorporar la práctica al presupuesto y al calendario del campo, con una persona responsable de supervisarla cada semana, especialmente en periodos de alta actividad fitosanitaria.
La jornada y el retiro del centro de Mexicali muestran que existe coordinación institucional para reunir grandes volúmenes; el productor debe verificar qué mecanismo opera ahora en su comunidad antes de trasladar material. La recomendación editorial es inventariar, acondicionar según etiqueta y programa, separar, almacenar temporalmente con seguridad y conservar comprobante de entrega. Los comunicados confirman 70 toneladas en total, distribuidas entre San Quintín y Mexicali, sin demostrar reducción cuantificada de riesgos en cada predio. Una mejora real se observa cuando ningún envase vuelve a circular como utensilio y la cadena de manejo puede reconstruirse desde la compra hasta su entrega.
Fuentes y alcance
Los hechos y cifras se atribuyen a las siguientes publicaciones. Las recomendaciones prácticas son orientación editorial y deben contrastarse con los avisos y condiciones vigentes del lugar.

