La FAO publicó la historia de un productor de avellanas de Georgia cuya cosecha fue rechazada después de detectarse aflatoxinas. El caso relaciona la pérdida con problemas en el secado. Más adelante, el agricultor recibió capacitación en inocuidad y obtuvo apoyo compartido para adquirir un secador que utiliza cáscaras como combustible; también presta servicio a otros productores. La historia ofrece una experiencia concreta sobre cómo proteger valor después de cosechar. No es un ensayo comparativo de tecnologías ni una promesa de que el mismo equipo elimine todos los riesgos en cualquier cultivo o localidad.
Las aflatoxinas son compuestos producidos por ciertos hongos y constituyen un problema de inocuidad. La humedad y las condiciones de almacenamiento influyen en el desarrollo de hongos; la FAO recalca la importancia de secar y conservar los productos en condiciones adecuadas. Hay una diferencia crucial entre evitar nueva contaminación y resolver la que ya ocurrió. Secar una partida a tiempo puede ayudar a prevenir deterioro, pero no se debe afirmar que el secado elimina una toxina presente. Tampoco basta inspeccionar a simple vista para declarar un lote seguro: la FAO señala que una contaminación de este tipo no siempre es visible. Los análisis y criterios de aceptación dependen del producto y el mercado.
Para trasladar la lección al campo mexicano, lo primero es localizar el punto donde se acumula la cosecha húmeda. Se puede dibujar el recorrido del producto desde la recolección hasta la venta y anotar cuánto tiempo permanece en costales, remolques, patios, equipos de secado y bodega. Si una etapa genera espera cuando aumenta el volumen de cosecha, ahí existe un riesgo operativo. También se identifican momentos en que una lluvia inesperada moja producto o superficies de trabajo. Este diagnóstico vale para nueces, cacahuate y ciertos granos, pero los objetivos de humedad y las formas de manejo no son intercambiables entre especies.
Un registro por lotes facilita el control. Cada partida puede llevar fecha de cosecha, origen, volumen, humedad medida con equipo apropiado, proceso de secado, responsable y ubicación en almacén. Si se mezcla producto seco con material recién cosechado o con una partida de condición desconocida, se pierde trazabilidad y se hace más difícil aislar un problema. La medición exige instrumentos calibrados y un muestreo que represente el lote; tomar solo la parte superior de un montón puede ocultar diferencias. Para decidir límites concretos hay que consultar a un especialista y las especificaciones del comprador o la norma aplicable.
La infraestructura debe evaluarse por capacidad durante los días de mayor entrada, no solo por el promedio anual. Un secador pequeño que funciona bien la mayor parte del año podría dejar largas filas en el pico de cosecha. Antes de comprar, una asociación puede calcular toneladas máximas por día, horas de funcionamiento, consumo de energía, costo de mantenimiento, personal requerido y superficie para separar lotes. Después compara el costo por tonelada con alternativas de servicio externo. Compartir equipo puede mejorar su uso y repartir inversión, siempre que existan reglas claras de turnos, tarifas, limpieza, responsabilidad por calidad y mantenimiento.
La reutilización de cáscaras como combustible es un aspecto interesante del caso georgiano, pero requiere un análisis propio. No todos los residuos tienen la misma disponibilidad, humedad, poder calorífico o equipo compatible. Antes de adaptar un sistema se revisan seguridad, emisiones, permisos, constancia del suministro y costo de operación. Utilizar un subproducto no garantiza energía gratuita; recolectarlo, transportarlo y mantener el equipo tiene costo. Para algunos productores será más rentable contratar secado que construir una instalación. El propósito no es copiar una máquina, sino evitar que una pérdida poscosecha anule el trabajo de toda la temporada.
También hay que establecer un protocolo para producto sospechoso. Si una partida presenta humedad anormal, daño o antecedentes de exposición, se separa y se consulta al comprador, laboratorio o autoridad competente sobre el análisis necesario. No debe mezclarse con lotes sanos para diluir un resultado, ni destinarse a alimento humano o animal solo porque se vea aceptable. Las reglas para disposición o uso alternativo dependen del nivel de contaminación y de la normativa correspondiente. Un rechazo comercial debe investigarse por lote para identificar el punto de falla y corregir el proceso en la siguiente cosecha.
El control de calidad no se limita al momento de entrada en bodega. Se requiere revisar filtraciones, condensación, plagas, ventilación y cambios de humedad durante el almacenamiento. Una partida que salió seca puede volver a deteriorarse si se moja o permanece en un sitio inadecuado. Las inspecciones y registros permiten detectar el problema antes de que afecte un volumen mayor. Capacitar a quienes cosechan, transportan y almacenan es tan importante como tener equipo: una buena máquina no compensa por sí sola una cadena de manejo desordenada.
Esta noticia recuerda que rendimiento por hectárea e ingreso vendible son medidas distintas. El productor puede cosechar mucho y perder margen por mermas, rechazo o descuentos de calidad. Un presupuesto completo debe incluir secado, análisis, almacenamiento y pérdidas posibles. El caso de Georgia muestra una solución local y compartida; su aplicación práctica en México comienza por medir los tiempos y condiciones poscosecha del propio producto. La prioridad es entregar alimentos seguros y conservar la calidad comercial, sin convertir una historia individual en una promesa de rentabilidad general.
Fuentes y alcance
Los hechos y cifras se atribuyen a las siguientes publicaciones. Las recomendaciones prácticas son orientación editorial y deben contrastarse con los avisos y condiciones vigentes del lugar.

